¿Quién era Kircher?


ATHANASIUS KIRCHER fue un sabio jesuita alemán que representó el espíritu científico del siglo XVII. Nació en Geisa (Alemania) en 1602. Profesor de filosofía, matemáticas y lenguas orientales, se interesó por los más diversos temas del saber de su tiempo.

Fue el inventor de la linterna mágica, cartografió la Luna, las manchas solares y las corrientes marinas, ofreció hipótesis para interpretar la estructura interna de nuestro planeta, investigó el Vesubio descolgándose por su cráter, trató de descifrar los jeroglíficos egipcios, realizó experimentos de física y fisiología animal, observó la sangre al microscopio e inventó un sinnúmero de artilugios mecánicos.

Junto con Plinio, constituye el paradigma de la curiosidad científica y del gusto por el conocimiento, en cualquiera de sus formas.

domingo, 12 de octubre de 2008

Entrevista con la investigadora francesa Barré-Sinoussi


El diario EL PAÍS, en su edición digital de hoy domingo publica esta entrevista con la reciente Premio Nobel de Medicina, la viróloga francesa Françoise Barré-Sinoussi, del Instituto Pasteur de París.
EL PAÍS

L.G.
Una fotografía de Françoise Barré-Sinoussi, rodeada de guirnaldas navideñas y unos cuantos globos, junto a un cartel de felicitación por el Nobel recién conquistado, adorna el pasillo de entrada de la Unidad de Regulación de Enfermedades Retrovirales que dirige, en el Instituto Pasteur de París. Para la institución, que el mes pasado cumplió 120 años, el galardón a una de sus investigadoras más destacadas ha sido el mejor regalo de cumpleaños. Una demostración, quizás, de que el viejo edificio, con su aspecto un poco caótico y descuidado, alberga dentro a la flor y nata de la investigación francesa, por más que el Nobel premie un hallazgo de hace 25 años.

Barré-Sinoussi (París, 30 de julio 1947) parece disfrutar de su éxito con la misma discreción con la que ha vivido hasta ahora su anonimato de investigadora apasionada por su trabajo, pero con escasa proyección pública y prácticamente desconocida fuera de los ambientes científicos. Su marido, fallecido hace pocos meses, no ha llegado a tiempo de saborear un triunfo que sabe un poco a revancha, porque ella fue la investigadora que descubrió el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), a comienzos de 1983. Virus que más tarde sería identificado como el causante del sida. Vestida con un traje de chaqueta en tonos vainilla y ocre, y meticulosamente maquillada, Barré-Sinoussi se presenta ante la periodista con un cigarrillo en la mano, y reclama un minuto para salir a fumárselo al patio trasero del instituto.

Es usted la primera mujer francesa que recibe el Nobel de Medicina. ¿Cómo se siente?
Muy bien. La verdad es que la presencia de la mujer en la investigación científica ha sido muy minoritaria durante siglos, de manera que era normal esta falta de premios. Tampoco creo que haya que enfocarlo de una manera estrictamente feminista. Pero estoy encantada y, para ser sincera, muchos colegas masculinos me han felicitado efusivamente.

Ser mujer, ¿ha sido un obstáculo en su carrera?
Sí, desde luego. Sobre todo en los años ochenta. Yo era más joven y las dificultades mucho mayores. Con los años, el porcentaje de mujeres científicas ha aumentado mucho. En este trabajo se gana poco, por eso hay cada vez más mujeres. Aunque en los niveles de responsabilidad sigue habiendo pocas.

En esta ocasión, en cambio, el Nobel la ha preferido a otros miembros masculinos del equipo que descubrió el virus del sida, por ejemplo, al profesor Jean Claude Chermann, con el que usted se inició en la investigación, a principios de los años setenta.
Ha sido un poco triste, porque empecé trabajando con él y le considero como un padre profesional. Además, formaba parte del equipo que logró ese hallazgo. Son cosas de la vida. He hablado con él y está dolido, es normal, pero al mismo tiempo está muy contento por mí. El descubrimiento del virus del sida fue un trabajo de equipo en el que participaron muchas personas, del Instituto Pasteur y de varios hospitales.

También usted ha esperado 25 años para recibir este reconocimiento que, hasta ahora, se le atribuía exclusivamente al profesor Luc Montagnier. ¿Cómo ha encajado tantos años de anonimato?
Bien. No me preocupaba en absoluto. Lo que se adapta más a mi personalidad es trabajar en mi laboratorio, o viajar a los países más afectados por el sida para ver sobre el terreno cual es la situación.

Dice que el descubrimiento le cambió totalmente la vida. ¿En qué sentido?
Me hizo darme cuenta del alcance práctico de mi trabajo. A partir de ese momento he tenido más clara la responsabilidad de mi tarea, hasta el punto de que me ha llevado a olvidarme de mi vida personal. Me he visto empujada por la urgencia de buscar fórmulas para mejorar la vida de los pacientes.

Veo que pertenece usted a varios comités del Instituto Pasteur, además de trabajar para la Agencia de Prevención del Sida, que publica trabajos y asiste a simposios, conferencias, etcétera, ¿de dónde saca el tiempo?
Duermo pocas horas, no más de cuatro, y trabajo 12 o 13 horas diarias. Nunca he considerado la investigación como una actividad profesional, para mí es una pasión.

¿Es cierto que estamos bajando la guardia con el sida?
Hay sectores de la población con más riesgo que se están olvidando de la prevención. Y lo mismo ocurre con los jóvenes. Se habla mucho menos del sida que antes, y eso da miedo, porque la infección sigue ahí. Muchos jóvenes piensan que el tratamiento es efectivo y que no hay que preocuparse, pero, en realidad, el tratamiento no sólo es caro, es complicado y para toda la vida.
Además, con el tiempo tiene efectos secundarios serios, produce alteraciones del metabolismo. Por lo tanto, hay que prevenirse.

El fenómeno se produce además en el mundo desarrollado.
Sí, en países occidentales, como Francia o España, y es muy preocupante. Porque, además, la persona infectada por el virus tarda mucho tiempo en ser consciente de ello y eso puede dar lugar a una cadena de contagios. Por eso es fundamental el diagnóstico precoz, las pruebas, para prevenir la transmisión del virus.

Las instituciones internacionales se han implicado mucho últimamente en la lucha contra el sida.
Sí. El objetivo del fondo mundial de lucha contra el sida es que haya un tratamiento universal para todos los afectados por la enfermedad para 2010. Es un objetivo ambicioso con el que se puede soñar siempre que la ayuda financiera de los países ricos siga llegando. Si el fondo de lucha contra el sida, la tuberculosis y el paludismo sigue recibiendo este dinero, es posible alcanzar ese objetivo. Lo malo es que no sabemos lo que va a ocurrir con esos fondos con la actual crisis financiera en el mundo. Si disminuyen las aportaciones, como nos tememos, sobre todo las del Gobierno de Estados Unidos, la cosa se complica.

¿En qué situación se encuentra la investigación sobre el sida en estos momentos?
Se han hecho muchos avances pero hay muchas cosas que no conocemos. Por ejemplo, si el virus es capaz de provocar la inmunodeficiencia, ¿por qué en ciertos sujetos esto no se produce? En cuanto a los modelos animales, tampoco sabemos por qué el mono verde no desarrolla la enfermedad pese a estar infectado por un virus muy similar al VIH. Desconocemos cuales son los mecanismos precisos de protección contra la infección. Y mientras no se conozcan será difícil encontrar una vacuna contra el sida.

(Tomado de EL PAÍS 12/10/2008. Entrevista realizada por L.G., enviada especial de EL PAÍS. Foto: G.LEJARCEGI.)

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