Desde donde escribo estas líneas puedo ver ya las primeras campánulas en flor. Y hasta les hice una foto, que es un testimonio de la primavera en marcha. Es un placer levantar de vez en cuando la vista de la tarea para verlas abrirse en la jardinera de la ventana.. Las compré el año pasado en un vivero con el rótulo de Campanula persicifolia, pero, consultando el Bonnier, veo que no puede tratarse de esta especie, sino de otra de las muchas que componen el género Campanula. Y, aunque Bonnier no la cita, muy probablemente sea la campánula dálmata (Campanula muralis). Las puse mirando al norte, en zona de sombra y parece que el sitio les gusta, porque empiezan a extenderse como un tapiz apretado y cada día encuentro nuevos capullos. (En la jardinera, me refiero. Ya sé que en la vida hay muchos.)
Me han dicho que en Cataluña añaden las hojas de campánula a la ensalada. He probado y el sabor es bueno, ligeramente dulce por la inulina que contienen y, desde luego, le dan un toque campestre muy agradable.
Y más al norte, en el Tirol, circula la creencia de que las campánulas tienen la virtud insólita de obligar a decir la verdad al que las lleva encima. Y esto muy bien podría ser cierto, porque nunca se ha visto a un político en primavera luciendo campánulas en la solapa.














